jueves, 28 de enero de 2010

Los ojazos sorprendidos que descubrieron a Etta James





Esta entrada, con toda justicia, va hoy para el Dr. Krapp


Oír a Etta James, sobre todo para aquellos a los que nos gusta tanto el soul, es una experiencia fantástica. Y lo es porque, independientemente de ser un tipo de música que nos gusta, nos transporta con las voces desgarradas, las historias tremendas, y la intrahistoria humana que suele subyacer tras estos intérpretes -sin ir más lejos, la misma historia de mi dama del soul favorita, Billie Holiday-.



Era normal y hasta obligatorio, si cabe que, gustándole a Michael los monstruos sagrados que le inspiraban y le atraían -James Brown, Jackie Wilson, Bobby Taylor, Smokey Robinson, Gladys Knight, Ella Fitzgerald, etc.- también le gustara Etta James. Y que viviera con ella una anécdota que hoy quiero recordar y guardar en La Cajita. No sé si la conoceréis. A los que no, espero que os guste.

Etta James, una de las grandes, enormes damas del soul y el rhythm and blues, dueña de un carácter inconformista y único y con una inconfundible cabellera teñida de rubio platino, nació en Los Ángeles en 1938. En cierta forma su carrera corrió paralela a la de Michael pues tenía desde muy pequeña una voz prodigiosa y eso le permitió comenzar a cantar de manera semiprofesional en la radio con ni más ni menos que con cinco años. De hecho, según la revista Rolling Stone, está entre los 25 mejores cantantes de la historia. (Michael ocupa el puesto 25, por cierto, puesto que me parece totalmente injusto, pero en fin...)



La década de los sesenta fue la época de mayor gloria de Etta. Los éxitos se sucedían y era reconocida como una de las grandes del soul y el R&B.  A pesar de que cantaba baladas aterciopeladas, como la exitosa All I could do was cry, no olvidaba el lado más amargo, el que más desgarra del soul y te pone el alma en la boca y a la vez te hace bailar, con temas como Something's got a hold on me.



Ya en 1967 grabó uno de sus temas clásicos y más conocidos, Tell mama. Poco a poco fue encaminándose a sonidos más contemporáneos y jazzísticos, aunque por supuesto sin dejar de lado su "alma de blues". Etta, que no sólo es cantante, sino también compositora, en la actualidad tiene 72 años y no se ha retirado de los escenarios.

Con estos antecedentes artísticos, y siendo la década de los sesenta y setenta las mayores de gloria en su historial, era normal que aquel chiquillo de enormes ojos oscuros, dentadura perfecta y cara de ángel aunque se moviera como un demonio, sintiera una rendida admiración hacia ella.



En una entrevista concedida el 12 de mayo de 1978, Etta cuenta la siguiente anécdota que surgió cuando Michael tenía sólo nueve años. Pero antes, os pongo en antecedentes. En mayo de 1968, los Jackson Five habían sido invitados a una actuación para volver al Apollo, pero esta vez pagándoles. Ya empezaban a ser unos artistas profesionales. En el programa tenían previsto actuar junto a Etta James, Joseph Simon y The Five Stairsteps and Cubie (que era otro grupo familiar cuyo cantante tenía apenas ¡¡dos años de edad!!). Curiosamente, Joseph Simon comenta:

Michael era un trabajador incansable. Algo en mí me decía que él era un enano. (Ojo, no fue el único que tuvo esa descabellada idea, basándose en el talento del chiquillo y en la forma que tenía de trabajar, totalmente de una persona adulta). Oí decir que su padre era un hombre hábil para los negocios, y que sólo alguien como él podía hacer pasar a un enano por un niño. Recuerdo haberme acercado a Michael y haberlo estudiado muy de cerca, pensando: "Vamos, este chico, ¿es un enano o no?""Eh, ¡¡basta ya de mirarme fijo!!" -me dijo él. (Pobre Michael, pero no puedo evitar sonreir imaginando la surrealista situación :-D)

Pues bien, Etta James, al igual que Joseph Simon y que otros tantos que compartieron escenario con el joven Michael, también quiso recordar alguna anécdota, como la vez en que se conocieron. Una historia que nos dice mucho, muchísimo, de las ganas de aprender innatas y de la personalidad de este chiquillo maravilloso. La recoge Randy Taraborrelli en "La magia y la locura", un libro que tiene muchos puntos que no me gustan nada (ya hablaremos del libro más adelante), pero que también recoge muchas historias y anécdotas, algunas tan jugosas como esta:

Hace diez años, en mayo del 68, actuamos en el Apollo. Recuerdo que este chiquito tenía mucho talento, y era muy educado y se mostraba muy interesado. Yo estaba en medio de mi actuación, haciendo lo mío en el escenario, y mientras estoy cantando Tell Mama, veo a ese muchachito negro mirándome entre los bastidores. "¿Quién es ese chico? Me está distrayendo", me dije. Enotnces, en medio de dos canciones, aprovechando que el público estaba aplaudiendo, fui hasta donde estaba él y le susurré: "¡¡Vete, niño!! ¡Fuera de aquí! Me estás molestando. Ve a mirar desde donde está el público". (Pobre Michael :-( )

Le di un susto que casi se muere. Tenía unos grandes ojos marrones, los abrió enormes y salió corriendo. Unos diez minutos después, ahí estaba el chico otra vez. Pero ahora, delante del escenario, a un lado. Y miraba cada cosa que yo hacía. (Qué grande eres, Mike)

Después del espectáculo, cuando estaba en mi camerino quitándome el maquillaje, oigo que llaman a la puerta.


- ¿Quién es?
- Soy yo.
- ¿Quién es yo?
- Michael -dijo la joven vocecita.- Michael Jackson.
- No conozco a ningún Michael Jackson.
-Sí, si me conoce. Yo soy el chico al que le dijo que se fuera.

Etta, una mujer bastante robusta y con ese pelo inconfundible teñido de rubio, entreabrió la puerta, miró hacia abajo y se encontró a un chiquillo de nueve años que la miraba maravillado con unos enormes ojos marrones.

- ¿Qué quieres, niño?

Michael, en lugar de amedrentarse, y, nada tímido, le soltó:

- Señora James, mi padre me dijo que viniera aquí y le pidiera disculpas. Lo siento, señora, pero sólo estaba mirándola, porque usted es tan buena... Es realmente muy buena. ¿Cómo lo hace? Nunca vi a la gente aplaudir de ese modo.

Etta se sintió enormemente halagada. Sonrió y le dio una palmadita al crío en la cabeza.

- Entra y siéntate conmigo. Puedo enseñarte algunos trucos.

No recuerdo exactamente qué le dije. Pero cuando se iba pensé: "Este es un chico que quiere aprender de los mejores, y así algún día va a ser el mejor".

¡¡Cuánta razón tuvo Etta!!



4 comentarios:

Beackson dijo...

Maravillosa anécdota,
me encanta que bien la has relatado y como siempre lo bien documentado que esta todo lo que haces, es un gustazo leer tu blog,¡¡ me tienes enganchadita !!
Besitos, Bea

Dr.Krapp dijo...

Otra vez miles de gracias pro acordarte de mí. Eres todo generosidad, Guinda. Como te ponía en mi blog Etta James, una cantante absolutamente imprescindible desde mediados de los cincuenta aparece con protagonismo casi principal en Cadillac Records donde Adrien Brody, Leonard Chess, el dueño de esa compañía antecedente de la Tamla Motown no solo la produce si no que tiene un affair con ella. MJ adoraba a aquellas grandes cantantes que aún estando en la cumbre de su éxito y ser mas bien displicentes sabían que aquel chico -lo de enano hay que tomarlo como un elogio por su increíble capacidad- tenía magia en su voz y un talento inconmensurable.

SILVIA dijo...

Esta anécdota con Etta ya la conocía, pero ha encantado recordarla de nuevo.
No me explico como un niño tan pequeño como era nuestro angel por aquel entonces supiera la clave del éxito: aprender de los mejores. Luego él se convirtió en EL MEJOR entre los mejores.
Cada vez que pienso en el susto que se llevó Mike cuando se acercó Etta me hace sonreir. Y que dulzura por Dios, ir a pedirle perdón.
Por cierto Belén, a mi también me tienes enganchada a tu blog. Es lo primero que miro al encenderlo. Vamos, que soy una adicta!!jajaj.
BESITOS A TOD@S.

TINK-SONIA dijo...

No se como tuvo valor el pobre de ir a pedirle disculpas con la cara de mala leche que tiene y el mal genio que se gastaba yo me habría rajado.
Como artista para quitarse el sombrero,genial anécdota Belen.